domingo, 22 de abril de 2018

BARROCO ELÉCTRICO GADITANO


EL COMISIONADO



(Publicado ayer en prensa)











.
Ustedes no se lo van a creer, pero existe un Comisionado para el Mercado de Tabacos, que es un organismo dependiente del Ministerio de Hacienda, el más amado por los españoles. Se dice pronto: un Comisionado. Cabe suponer que con sus jefes, con sus asesores y contables, con su sede y tal vez con su logotipo. Es posible que incluso con su patrono, que, en un país históricamente laico como lo es el nuestro, lo mismo podría ser Santiago Carrillo, aquel político que a sus 97 años seguía sosteniendo la industria tabaquera con el consumo diario de al menos un par de cajetillas, menos ya por vicio que por no propiciar reducciones de plantilla en el sector del humo aromatizado con sustancias misteriosas y peligrosas. 


            Un gerifalte se levantó un día con una idea luminosa, como buen gerifalte: “Creemos un Comisionado para los asuntos del fumar”, y se hizo el Comisionado, como si fuera cosa del Génesis. Una vez creado de la nada el Comisionado en cuestión, hubo que dotarlo de leyes específicas para que no se quedase en un Comisionado ornamental y orgánicamente pasivo, y ahí tuvieron que entrar en juego las más altas instancias: “Hoy toca lo del fumeque”, anunció el presidente de la nación en el consejo de ministros, y todos se pusieron a elucubrar, que es para lo que los políticos están dotados por naturaleza, hasta el punto de que se hacen más fuertes en la teoría que en la práctica, al igual que los filósofos presocráticos. Con el refuerzo de sabiduría de los expertos jurídicos, se apresuraron, en fin, a idear leyes que regulasen la cosa maligna del fumar y que dotasen de sentido y contenido al Comisionado. No debió de ser tarea sencilla, ya que el tabaco es un factor de repercusiones contradictorias: por una parte mata a la gente y por otra hace que el Estado ingrese casi 10.000 millones de euros al año, y eso sin que ningún funcionario tenga que trabajar de sol a sol y a ritmo de blues en una plantación tabaquera.


            Entre esas leyes se cuenta la de la prohibición de regalar mecheros a los clientes de los estancos, bajo multa de hasta 12.000 euros. (Una universidad puede regalarte un máster, pero un estanquero no puede regalarte un mechero: los equilibrios enigmáticos de la realidad.) Una ley severa, sin duda. Pero también sin duda ineludible, porque no va a sospechar uno que las leyes se conciben a capricho. ¿Que necesitas un mechero? Pues te lo compras, porque el Comisionado para el Mercado de Tabacos vigilará celosamente a tu estanquero para que no te meta de matute un mechero de propaganda en la bolsa en que te da el cartón que acabas de comprar. Cuidado con eso: al Comisionado no se le escapan los trapicheos indecorosos.


            Lo siguiente puede ser que el Ministerio de Agricultura prohíba que los fruteros regalen el perejil.

Pero no adelantemos acontecimientos.

.

viernes, 20 de abril de 2018

miércoles, 11 de abril de 2018

.
 INFORMACIÓN:
https://www.iglesiasanlorenzoubeda.com/libro/amistad-a-lo-largo/

(Los beneficios irán destinados a las obras de restauración de la iglesia de San Lorenzo, en Úbeda, recuperada por la Fundación Huerta de San Antonio para uso laico y cultural.)

 

domingo, 8 de abril de 2018

LA GUERRA SANTA

(Publicado ayer en prensa)



Comoquiera que la realidad es una entelequia que cada cual interpreta a su modo y compone a su medida, estamos obligados a buscar una armonización entre realidades si queremos que esas realidades pierdan el plural y obtengamos un espacio de convivencia más o menos razonable y llevadero. No es tarea sencilla, claro está. Hay quienes dicen tener trato con extraterrestres, hay quienes consideran que las vacunas propician enfermedades, hay quienes hablan con los seres del trasmundo, hay quienes aseguran que, tras la muerte, serán recompensados con una pandilla de vírgenes o bien con una vida eterna y virginal, hay quienes sostienen científicamente que la Tierra no es redonda, hay quienes sienten devoción por san Pancracio o por Vishnu, hay quienes están convencidos de que nuestros gobiernos nos fumigan con agentes químicos… Hay, en fin, de todo, y casi todo de calidad.


            Según las épocas, el pensamiento irracional goza de una implantación variable, aunque hay que reconocer que las creencias religiosas, con sus más y sus menos, tienen una capacidad de adaptación a las circunstancias y una resistencia al progreso que las convierten en consustanciales a la condición humana: mientras haya mortales habrá dioses.


            En nuestros días, asistimos al debate sobre otra creencia de índole sagrada: el nacionalismo –y derivados-, que, forzando apenas un poco las cosas, puede interpretarse como la renovación del culto a la Madre Tierra, aunque con argumentos aparentemente laicos. Y digo “aparentemente” porque se trata en esencia de un sentir religioso, y como tal basado en la fe, y, como tal fe, situado por encima de los argumentos políticos, de las convenciones jurídicas, de la demoscopia, de la realidad y de la razón: una suprarrealidad. 


Dado que una fe no admite contraargumentos, los argumentos contrarios al nacionalismo corren el riesgo de verse acusados de fascismo, de traición o de agresión a una causa legitimada por sí misma: quien cree en un dios no está capacitado para dudar de la existencia de ese dios, del mismo modo que quien cree en un concepto supremo no puede rebajarse al acatamiento de unos conceptos subalternos, como por ejemplo las leyes.


            No podemos saber qué proyecta cada cual en su sentir patriótico, al no ser un sentimiento unánime, sino una sugestión personalizada, lo que no supone un obstáculo para que se presente como un afán colectivo que puede englobar tanto al neoliberal como al retrorradical. La magia, en fin, de las quimeras abstractas.

           Quienes exigen una solución política para este conflicto es posible que estén confundiendo la diana, ya que no se trata en esencia de una cuestión política, sino de una cuestión de fe: la imposición de un dogma, así seas creyente o agnóstico, y las controversias teológicas tienen una solución difícil. Al menos en este valle de lágrimas. Pero suerte.

.

jueves, 5 de abril de 2018

INSTALACIÓN

Mi amigo Antonio Doblas me manda esta foto suya del escaparate de una mercería de aquí del pueblo. 

Aparte de su mensaje pluriestacional -cosa siempre de agradecer en un estado plurinacional-, he visto instalaciones menos meritorias -y menos útiles- en muchos museos de arte contemporáneo.


AGENDA

-Mañana viernes, a las 20 h., estaré en la feria del libro de Mairena del Aljarafe para hablar de EL NOVIO DEL MUNDO con Mercedes de Pablos. (Para hablar en coloquio abierto al público, se entiende.)

-El sábado, a las 12.30 h., estaré en la feria del libro de Bormujos para hablar de lo mismo con Antonio Molina Flores.

(Después de cada palique, firma de ejemplares.)
 .


HOY LLEGA A LIBRERÍAS LA EDICIÓN DE BOLSILLO


lunes, 26 de marzo de 2018

UN EXPERIMENTO



(Este artículo se publicó el sábado en prensa... Los detalles han cambiado. La realidad no tanto.)


El conflicto catalán ha tenido la virtud de ofrecernos un espectáculo basado en el contraste, con sus aspectos dramáticos y sus consecuencias cómicas, con sus sinsentidos de forma en nombre del sentido de fondo, con sus continuas reducciones al absurdo en beneficio de una lógica emocional que tiene más de emocional que de lógica, la sacralización de la ley de Ohm frente al descrédito de los porcentajes reales de voto. Etcétera. 


Sin menospreciar a ninguno de los muchos actores de esa desconcertante tragicomedia, todos esos componentes contradictorios entre sí se han quintaesenciado en la figura de Carles Puigdemont, cuya deriva espontáneamente cómica nunca podrá igualar tal vez ni siquiera su mayor antagonista cómico, el cómico profesional Boadella. Incluso la situación de Puigdemont consiente la dualidad: unos lo ven como un exiliado, en tanto que otros lo consideran un fugado. La apreciación heroica, en fin, frente a la consideración jurídica. Sea como sea, nadie podrá quitarle el mérito de ser un pionero: un político elegido democráticamente que, por su exceso de espíritu democrático, se ve obligado a salir por pies de un extravagante país democrático en el que algunos ensueños se consideran antidemocráticos y en el que el incumplimiento de la ley se considera ilegal y punible. 


            En su novela El barón rampante, Italo Calvino da vida a un personaje que un día, tras una discusión familiar, se subió a un árbol y juró no volver a pisar el suelo, de modo que se pasó el resto de su vida de árbol en árbol. No sabemos si Puigdemont se pasará el resto de su vida de país extraño en país exótico, y ojalá que no sea así de no ser ese su deseo, pues un patriota necesita patria tangible, pero se me ocurre que tampoco es una mala idea el hecho de que un país –y más si se trata de un país que sólo existe en la esfera de los arquetipos platónicos- tenga a un presidente fugado, lo que presenta al menos dos ventajas, a saber: que el país se libra de tener un presidente y que el presidente se libra de tener un país.


            Y es que la tarea de un presidente tiene algo de condena: simular que se gestiona eficazmente desde el conocimiento íntimo de estar llevando a cabo una gestión desastrosa, ya sea por imperativo de la realidad o por impericia suya y de los suyos; prometer la realización inducida de milagros, de por sí tan improbables como fortuitos; fingir optimismo ante los desastres y recomendar pesimismo ante las ilusiones colectivas, y así sucesivamente. Evitarle a un congénere esa cruz puede entenderse, en suma, como un gesto de buena humanidad. 


De modo que tal vez sería conveniente que Rajoy se fugase también a Bruselas y que desde allí jugase, vía plasma -tan de su agrado-, a ser presidente de nuestra nación de naciones, a ver qué pasa. No creo que esa fuga tuviese mucha repercusión en la vida de todos, ya que, aparte de otras consideraciones más matizadas, el hecho de que un país alimente la esperanza de que los políticos pueden arreglar el país suele ser el síntoma más claro de que ese país no tiene arreglo.

.

domingo, 25 de marzo de 2018

LA HORA ELÍPTICA




 


 Hemos tenido que adelantar una hora los relojes, porque incluso el Tiempo acaba siendo esclavo de las decisiones políticas, a las que todos nos debemos, seamos personas, seamos ganado ovino o vacuno o bien seamos abstracciones. 

            No puedo presumir de ser lo que se dice un especialista en cambios horarios, todo lo contrario más bien, aunque supongo que existirán tantas razones para adelantar la hora como para dejarla como estaba, a pesar de que las razones en contra resultan ociosas a estas alturas: las 11 de la mañana son ya las 12 del mediodía, inexorablemente, hasta que nos den la contraorden de atrasar los relojes, allá por el otoño, que es precisamente cuando a uno le gustaría que el anochecer llegara más tardío, para aplazar un poco el efecto de esa melancolía sin porqué y sin alivio que suelen inocularnos las tinieblas durante las estaciones frías.

            Vive uno de repente en una especie de doble régimen temporal, no sólo porque cuesta habituarse a esta elipsis, a esta hora robada, borrada por decreto y de un plumazo de la historia general del tiempo, sino porque la pereza nos hace dejar en la hora antigua ese reloj de pared que queda altísimo, hasta que un día cojamos la escalera de mano para alguna otra cosa y adelantemos las manillas de ese reloj recalcitrante, marcador de una hora difunta, rezagado y absorto en su lógica de mecanismo invariable, ajeno al quita y pon que se traen los humanos con las horas. También seguirán marcando una hora anticuada esos relojes de pulsera que apenas usamos y que, no obstante, prosiguen su fiel tictac en el cajón de una cómoda o en el secreter de la mesilla de noche, y, cuando algún día saquemos alguno de ellos de su estuche, creeremos al pronto que se nos ha averiado, pero luego nos acordaremos del cambio primaveral de hora, y pensaremos en esa hora que jamás existió, y sincronizaremos entonces el reloj cimarrón con sus colegas vanguardistas.

            Los relojes llamados digitales merecen capítulo aparte, ¿verdad? Porque las manillas de un reloj de cuerda las movemos con facilidad y sin tener que pensar siquiera en cómo hacerlo, por un acto reflejo adquirido desde que nos regalaron nuestro primer reloj ruidoso, pero ¿cómo se adelanta un reloj digital? No creo que nadie se sepa eso de memoria, de modo que hay que recurrir al manual de instrucciones, y entonces surge un problema complementario: ¿dónde estará el manual de instrucciones del reloj? Revuelves media casa y, por fortuna, el manual aparece antes de verte obligado a revolver la otra mitad. “Estupendo”, dices, así que abres el manual de instrucciones, que viene en ocho idiomas, y, al leerlo en español, compruebas que lo mismo te daría leerlo en japonés, por la simple razón de que el manual instructivo de tu reloj digital de fabricación taiwanesa parece haberlo traducido un musulmán suní de Tayikistán emigrado a Kao-hsiung para aprender la lengua de Cervantes en la academia de idiomas clandestina de un turcumano. 

Y es que con el tiempo, en fin, conviene jugar lo menos posible, por si acaso. Por si acaso le da por jugar a correr más aprisa.

.


jueves, 22 de marzo de 2018

miércoles, 21 de marzo de 2018

¿DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA?..

(Bueno, pues un poema del próximo libro.)



CICLOS





Entre el momento en que Dante Alighieri

concibe el artificio

de que Virgilio sea su acompañante

en los tres estratos del trasmundo,

la hora exacta en que Virgilio

pone música acentual al primer hexámetro

para cantar al varón esclarecido de Troya,

el minuto preciso en que Ovidio

decide recrear la metamorfosis de Dafne,

el instante en que Kafka

define la fantasía de una transformación

y este ahora en que me acuerdo

más o menos aleatoriamente de ellos cuatro,

median varios siglos, varios miles de kilómetros,

varias lenguas, pero en realidad

todo sucede

dentro de esa cápsula de anacronía

en que la literatura se protege del tiempo

desde su inmortalidad desvalida y estática,

pero más poderosa que la vida,

ese concepto oscilante

en cuyo fluir sucumben los imperios,

pero no las ficciones;

nosotros, por supuesto, pero nunca jamás

la herencia de los embaucadores prodigiosos

que nos llevan de la mano

a ese dominio ilusorio y sin confines

que al cabo existe más

que el mundo mismo, en paralelo

a este ser del no ser de ser nosotros,

aproximadamente.


F.B.R., del libro Ya la sombra, que se publicará en abril

LA ARAUCARIA ACOGEDORA


.
Esta araucaria es mi vecina desde que nací. Le calculo una altura de unos 40 metros. Crece en el patinillo de una casa del barrio.

Es una especie de hotel bullicioso de la pajarería: un día se llena de gorriones, otro de vencejos, otro de mirlos melómanos, otro de tórtolas, otro de urracas... Por turnos. Conforme a un método de rotación que no sé interpretar, porque no se rige por el ciclo de las estaciones ni nada de eso, sino -ya digo- por el día a día, e incluso por horas. Sin un patrón estable: llegan las urracas, por ejemplo, y los gorriones pegan el voletío. Y así van.

De vez en cuando aparece un halcón, que se posa, altivo y amenazante, en las ramas de la copa, y todos las demás especies pegan la espantada.

Convertida mi terraza en un observatorio ornitológico, a esta araucaria tan visitada me distraigo en atribuirle, por derivación del ocio, algunas dimensiones simbólicas, todas ellas más o menos difusas y más o menos caprichosas: desde la inestabilidad del vivir -en la frontera imprecisa entre la libertad y la condena de ser libre para nada- hasta la representación -un tanto estrambótica- de la lucha de clases en versión pajarera. 

Pero esa sería ya otra historia.

.

lunes, 19 de marzo de 2018

UNA FABULILLA DE LUNES LLUVIOSO

En el salón de actos abarrotado, el gran poeta, en un momento de debilidad, confesó: “Si algún poema mío flaquease un poco, no sería culpa mía, sino del poema, que no estaría a mi altura”, y en ese instante descendió del techo una lluvia de polvo de diamante que fue batido por los aplausos del público.

.

jueves, 15 de marzo de 2018

(...Aquellos días interminables en que no paraba de llover, y no ibas al colegio, y no sabías si sentirte bien o mal por quedarte en casa, porque por aquel entonces nada estaba en el fondo ni bien ni mal: simplemente era, y mis hermanos y yo mirando llover por la ventana: el espectáculo monótono de un dragón líquido...)

.

miércoles, 14 de marzo de 2018

UN PROYECTO

Comoquiera que parece haber una corriente prestigiosa de libros encaminados a fomentar la espiritualidad, y dado que uno es vulnerable a las modas, incluida la de no seguir las modas, acabo de empezar a escribir uno: "Busca dentro de tu alma la Verdad. Lo más probable es que pierdas el tiempo tontamente, pero al menos no lo pierdes tontamente en otra cosa. Por consiguiente, observa al humilde pajarillo que en su rama...". 

(Más o menos.) (Es sólo un borrador.)

lunes, 12 de marzo de 2018

OBSOLESCENCIAS



 (Publicado el sábado en prensa)


El de “obsolescencia programada” es un concepto que nos educa el sentido de la fatalidad, al proporcionarnos la certeza de que nuestros electrodomésticos, por muy flamantes que luzcan, morirán de improviso el día menos pensado. 

            Solemos atribuir a intenciones malignas de los fabricantes el que programen la defunción súbita de nuestros utensilios, aunque ellos se defienden con el argumento de que la obsolescencia, toda vez que obliga al consumo periódico, propicia los avances tecnológicos en sus productos. A uno, la verdad, le daría lo mismo pasarse toda la vida con las mismas bombillas, con la misma batidora o con la misma impresora, pero se ve que eso actúa en contra del progreso, que al parecer exige mártires: la mártir exprimidora, la mártir aspiradora o el calefactor mártir, que tienen que dar su vida a cambio de que en el futuro exista una exprimidora más sofisticada que ella, una aspiradora más aspirante que ella o un calefactor más ecológico que sus antepasados. 


            A nadie le gusta que se le muera de repente el tostador de pan, pongamos por caso, pero sabemos que se inmola por una buena causa, y ahí encontramos consuelo: cuando vayamos a la tienda a comprar otro tostador, tendremos una oferta mejorada de tostadores, tostadores de tecnología punta, capaces –qué sé yo- de tostar una rebanada de pan con sólo mirarla, o exponiéndola durante unos segundos a un dispositivo láser, o similar, ya que las artes industriales van que vuelan hacia lo prodigioso y nunca visto.


            Aun aceptando la necesidad de que nuestros electrodomésticos pasen a mejor vida en nombre del avance tecnológico, nos queda una inquietud: la de no vernos venir su expiración, que, como en el poema barroco, suele llegarles callada. Miras tu frigorífico, le calculas la edad y te preguntas “¿Cuánto le quedará a este pobre?”. Sales de viaje con la aprensión de que tu frigorífico muera a solas durante tu ausencia, sin una mano amiga que lo vacíe de botellas y fiambreras, y encontrarte a tu regreso con el panorama apocalíptico de todos los alimentos echados a perder. 

             Y, aparte de eso, los sobresaltos que te llevas: le das al interruptor y la bombilla pega un chasquido miserere, como si en vez de morirse se hubiera suicidado, hastiada de su cautiverio en una lámpara que ni siquiera es maravillosa, como aquella que concedía tres deseos en el cuento oriental, sino en una de Ikea. O bien ese temblor que te asalta cuando empiezas a oírle un ruidillo como de bronquitis al ordenador, y te dices: “Este está ya medio listo”, y temes que te deje una página por la mitad, y que pierdas además los archivos que no has tenido la prevención de guardar en otro dispositivo, pues los ordenadores tienen la elegancia de morirse de golpe y no dar la lata con agonías.


            En este mundo, en fin, nada es eterno, salvo quizás el ansia de eternidad. Y ahí vamos todos, humanos y electrodomésticos, distrayendo como podemos, ay, nuestra obsolescencia.

.

sábado, 10 de marzo de 2018

MÚSICO CALLEJERO


Me hace mucha gracia una frase de Tom Waits: “Un caballero es una persona que sabe tocar el acordeón y no lo toca”.

Hoy, sin embargo, un caballero, en la calle comercial del pueblo, interpreta a Bach con su acordeón, a lo que quieran darle. 

Y, de repente, si cierra uno los ojos, no está en una calle comercial pueblerina, sino en una catedral húmeda, pensando sin pensar en cosas parecidas a la eternidad y a la muerte o, si hay suerte, en el prodigio -sin porqué, sin más- de la música.


.

viernes, 9 de marzo de 2018

PATERSON

En contra de una difusa prevención -absurda como casi todas-, me ha gustado mucho esta película de Jarmusch: una visión irónica y a la vez tierna de la complejidad de las vidas triviales, de la bondad sin recovecos, de esas ilusiones pequeñas que, aun siendo muy pequeñas, acaban resultando desmesuradas, dadas las circunstancias.

     Eso sí: los poemas que escribe el protagonista son tan malos que incluso podrían tener mucho éxito. (Me gustaría pensar que el director y el guionista optan por el hecho de que los poemas sean espantosos para añadir una dimensión dramática a los anhelos vanos de dicho protagonista, pero me temo que no es así.)

(Para quienes ya la hayan visto, la posibilidad de un título alternativo: Lo que arregló el perro lo estropeó el japonés.)


lunes, 5 de marzo de 2018

RESTOS ROMANOS

En Cádiz, el temporal ha dejado al descubierto, en una playa, restos de la calzada y del acueducto romanos.

A veces, se hace verdad aquel apotegma frívolo de O. Wilde según el cual la naturaleza imita al arte: recuerdo una chirigota que cantaba la historia cómica de un gaditano al que, al retirar los azulejos de su cuarto de baño para poner unos nuevos, le apareció un teatro romano en la pared.

(La historia, sí, es cíclica: la playa se llenó al instante de gente que se puso a rebuscar entre los restos por si aparecían monedas de oro. Como lo de los duros antiguos... pero en versión nueva.)

.

sábado, 3 de marzo de 2018

Ilusionado con un proyecto lisboeta: una colección de poemas míos en torno a Pessoa, en edición bilingüe e ilustrada con collages. Este es uno de los que he hecho para la ocasión:
.

lunes, 26 de febrero de 2018

EXPRESIONES



(Publicado el sábado en prensa)


El concepto de “libertad de expresión” está sujeto a la libertad de expresiones de todo tipo, en ocasiones hasta el extremo paradójico de que alguien disponga de libertad de expresión para quejarse de la falta de libertad de expresión, lo que no deja de ser una buena noticia dentro de una mala noticia. 


En estos días, se han confabulado tres anécdotas que algunos han interpretado como síntomas de un proceso involutivo encaminado a la reinstauración de la censura: el secuestro cautelar de un libro, la retirada de unas fotografías en una feria de arte y la orden de prisión para un rapero. Tres anécdotas que muchos han ascendido al rango de categoría mediante la aplicación del discurso del lamento melodramático: según parece, ya nadie puede decir que nuestro gobierno está sostenido por un partido corrupto, que la monarquía es un ornamento anacrónico o que el alcalde de su pueblo es un inepto. Se acabó, al parecer, la diversión.


Bien. Veamos…


            Si en un libro ensayístico se ofrecen unos datos y alguien –así sea el enemigo público número uno- se considera perjudicado por la difusión de esos datos, al considerarlos inveraces o inverificables, está en su derecho de exigir responsabilidades civiles o penales al autor, lo que, lejos de suponer una traba para la libertad de expresión, representa una garantía para la seriedad de la información. En este caso, para que la retirada del libro del mercado sea efectiva, el denunciante –que tan mala espina da- está obligado a depositar una fianza de 10.000 euros para hacer frente al posible perjuicio que pueda ocasionar al denunciado. ¿Medidas propias de un estado de derecho o censura turca?


            La retirada de unas fotografías anodinas, obra de un provocador profesionalizado, tiene menos pinta de ser una conjura ideada por los oscuros poderes represores que la decisión personal, absurda, servil, pazguata y timorata de un directivo de Ifema en el contexto de una feria de arte en la que curiosamente nunca se ha hecho ascos a la provocación, al ser la provocación no sólo gratuita, sino por lo general también rentable: las obras retiradas se han vendido por 80.000 euros. 


            Tras equiparar su arte al de Picasso, el rapero que tiene tatuado un kalashnikov en el antebrazo y que va a ir a prisión por decir unas barbaridades menos cercanas a una ideología política identificable que a una psicosis tipificable, se ha arriesgado a anunciar que su caso es el signo apocalíptico del fin de las libertades colectivas, basadas al parecer en la defensa del asesinato como método de redención social. 


            Resumiendo: lo del libro es una decisión judicial, tan severa y tan discutible como tantas otras, y ya veremos en qué queda, pues de momento la única consecuencia ha sido que el libro en cuestión se convierta en un bestseller, que es algo que a casi ningún libro le viene mal; lo de las fotos, no va mucho más allá de una estrafalaria metedura de pata con efecto de rebote, y lo del rapero… bueno, eso admite tal vez otros matices. Al haber por medio una pena de prisión, no faltan quienes denuncian que su condena implica una regresión y una amenaza para la creación artística. Bien. Lo de otorgar a las creaciones de tal rapero una dimensión artística sería discutible, pero lo de la regresión no: hace cosa de unos 20 años, los humoristas televisivos nos deleitaban con chistes de tullidos, de maricas y de tartamudos, por ejemplo. Hoy no nos hacen tanta gracia. Porque hay regresiones que son en realidad evoluciones. 


De modo que no nos liemos más de la cuenta en nombre de la libertad.


.

martes, 13 de febrero de 2018

HABLAR EN PLATEADO (Basado en hechos reales)



(Publicado el sábado en prensa.)


Siempre se ha dicho que viajar ensancha la mente, aviva nuestros sentidos y nos otorga conocimientos fortuitos del mundo y de la vida. Sin duda. Ayer mismo, viajaba yo en tren y pude comprobarlo. Quiso el azar colocarme en el asiento contiguo al de un caballero que, antes incluso de que pusiéramos rumbo a nuestro destino, de amanecida aún, ya estaba amortizando su tarifa plana. Decía Chesterton que oír hablar a alguien por teléfono hace que te sientas como si te faltase la mitad de cerebro, aunque por fortuna no fue el caso, ya que mi vecino tuvo la amabilidad de repetir cuanto le decía su interlocutor, sin duda para evitar malentendidos. 

“Entonces me dices que lo suyo es retirar el material viejo y colocar uno nuevo. Pero ¿de qué material estamos hablando?”, preguntó mi vecino casual de expedición. “Ajá. A ver si lo entiendo. ¿Un material plateado que se adhiere con calor de soplete?” La respuesta fue afirmativa. “¿Y eso da buen resultado?” La respuesta fue igualmente afirmativa: “Entonces me dices que da buen resultado y que es fácil de colocar”. (El material. El plateado.) “¿Me aseguras que eso va a arreglar el problema?”  Por supuesto.

            Una vez convencido del buen resultado y de la capacidad resolutoria del material plateado en cuestión, llamó a otra persona de su confianza, sin duda porque de repente le asaltó una duda metódica, o quizá por el mero placer de universalizar el asunto: “Enrique, oye, mira, que me han dicho que hay un material plateado que es lo que mejor nos viene para eso. Por lo visto, se adhiere con calor de soplete. Infórmate y tomamos una decisión ya. Porque si me equivoco quiero que nos equivoquemos los dos, ¿me entiendes? Y si acierto, que acertemos los dos, ¿de acuerdo?”. Aquello podía considerarse, en fin, un debate asambleario, así lo fuese modestamente a dos bandas. Casi un concilio, en fin, sobre el material plateado.

            Colgó y volvió a marcar. “¿Manolo? Sí, mira, que me ha dicho tu tocayo, el de EMAGESA, que hay un material plateado…”. Deduje que Manolo corroboró el informe favorable de su tocayo Manolo sobre el material plateado. “Entonces, ¿tú crees que esa puede ser la solución?” En cuanto dejó de hablar con Manolo II, recibió una llamada de Enrique, que ya había tenido tiempo de recabar información técnica sobre el material sometido a una investigación ténica. “Vale, pues si tú me dices que puede servir, por mí adelante”. Adelante, pues, con el material plateado. Y prosiguió una ronda de consultas: “Oye, mira, me han recomendado un material plateado que…”.

            Al cabo de unos 200 kilómetros, el material plateado y yo éramos ya casi de la familia. Me levanté y dudé si refugiarme en la cafetería o saltar del tren en marcha. “¿Solo o con leche?”, me preguntó el camarero. Y a punto estuve de decirle: “Plateado”.

sábado, 10 de febrero de 2018

ENTREVISTA

Entrevista con Juan Carlos Morales. (RNE. Radio 5)

http://mvod.lvlt.rtve.es/resources/TE_SDIAESP/mp3/5/4/1518259290145.mp3

Aquí puede verse la charla que tuvimos Luis Landero y yo el pasado miércoles en la Biblioteca Nacional.
(El título podría ser el resultante de mezclar dos de Julio Camba: Sobre casi todo. Sobre casi nada.)

https://www.youtube.com/watch?time_continue=1575&v=nbjNf0gKF9k


martes, 6 de febrero de 2018

(MAÑANA)


DISFRAZ NEUTRO

Para que ningún colectivo pueda sentirse ofendido, en estos carnavales lo más prudente es disfrazarse de imperativo categórico kantiano.


lunes, 5 de febrero de 2018

viernes, 2 de febrero de 2018

La glosa de Antonio Lucas en INFOLIBRE: https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2018/02/02/presentacion_novio_del_mundo_74778_1821.html



.

¿?

Si un desnudo -lo que somos- implica una "cosificación", ¿qué es un cuerpo recubierto y adornado con "cosas"?

.

lunes, 29 de enero de 2018

LA LEY

(Publicado el sábado en prensa)




Las leyes están muy bien cuando nos amparan, pero empiezan a ser molestas cuando tenemos que cumplirlas. No sé, te compras un coche que puede ponerse a 240 en unos segundos y, sin embargo, la ley te limita la velocidad máxima justo a la mitad, lo que viene a ser como si tuvieras medio coche: medio motor activo y medio motor en actitud budista, viviendo parasitariamente del esfuerzo del otro medio, como hacemos los andaluces con los catalanes, pongamos por caso. Aun así, y con el propósito de aplicar un parámetro laboral igualitario a ambas mitades del motor de tu coche, hay tramos en que lo pones al tope de su capacidad, pues no hay cupo de poder que uno no termine ejerciendo tarde o temprano. Sabes de sobra que estás saltándote la ley con todas las de la ley, pero te convences de que es por una buena causa, así sea más personal que colectiva, y que además acaba resultando una causa óptima si no te pillan los guardianes de la ley, que suelen llevar mal las interpretaciones privadas que los ciudadanos hacemos de las leyes comunes. 

            Esto de las leyes es asunto complejo y espinoso, ya que puede darse el caso de que sean los legisladores quienes las incumplan con más desparpajo y alegría, sin duda por aversión a ese aspecto penitencial que conlleva cualquier tipo de obligación. Bien está, en fin, que uno se invente unas leyes, pero de ahí a tener que respetarlas hay la misma diferencia que entre asar un pavo y ser un pavo, pues muy pavo hay que ser para aplicarte las normas que tú mismo te has sacado del caletre en unas extenuantes comisiones parlamentarias. De ahí tal vez esa cara de estupefacción que se les queda a los políticos cuando el peso de la ley cae sobre ellos, cosa que, por fortuna, suele ocurrir con la frecuencia de los eclipses lunares. Se diría que no dan crédito a lo que les pasa. Sospecharía uno, en suma, por su grado de indignación, que les supone un contratiempo emocional parecido al que supondría el Armagedón para el resto de la gente. Y es que, como decía, las leyes tienen ese lado molesto. Y no digamos cuando la ley manda antipáticamente a un político a ese sitio tan populachero que es la trena, ya sea por hacer caja negra o por asuntos de psicodelia identitaria. Ahí ya pierden la noción de la realidad y caen en una desolación profunda, y con razón, pues a nadie le gusta legislar para acabar siendo legislado.

            Cuando un político pisa la cárcel, un estremecimiento recorre las células del tejido social, por esa empatía espontánea que nos suscitan nuestros gobernantes. Si estuviera en nuestra mano, les mandaríamos cada tarde un bizcocho –incluso con una lima dentro Si por nosotros fuera, les aplicaríamos la Ley General de Amnistía, que es el mejor antídoto contra la ley, ese invento –insisto- tan molesto. Tan inoportuno. Tan… legal. 

.

domingo, 28 de enero de 2018

Leo en el diario de los hermanos Goncourt: "Un libro nunca es una obra maestra, sino que se transforma en tal. El genio es el talento de alguien que ya ha muerto".

(De modo que prudencia con los contemporáneos: no vayamos a matarlos antes de tiempo concediéndoles el rango de genio en vida.)
.

viernes, 26 de enero de 2018

(Y me pregunto yo, por mero preguntar: ¿hay algún motivo para que Mario Conde y Francisco Camps tengan los mismos andares, esos andares de vacilón que entra en una whiskería a las 2 de la mañana con un cupón premiado de la ONCE en el bolsillo?)

.

(Entrevista exprés en el diario CÓRDOBA)

http://www.diariocordoba.com/noticias/contraportada/cualquier-vida-tiene-mucho-guion-descabellado-inverosimil_1201209.html
Hoy, en la revista ZENDA, unos fragmentos del epílogo:
https://www.zendalibros.com/como-me-encontre-con-walter-arias/


miércoles, 24 de enero de 2018

(Esto salió el sábado en EL PAÍS, en las páginas de BABELIA.)


domingo, 14 de enero de 2018

MAÑANA (por si...)


EL BOTAFUMEIRO



(Publicado ayer en prensa)

La noticia es falsa, como muchas de las que circulan por ahí, pero démosla, como experimento, por verdadera: el pasado 6 de enero, dos monaguillos de la catedral de Santiago de Compostela tuvieron una ocurrencia diabólica, que es tal vez el tipo de ocurrencia que menos conviene a un monaguillo. La ocurrencia no fue otra que la de llenar el botafumeiro de marihuana, como si, en vez de una misa para celebrar la Epifanía del Señor, aquello fuese una fiesta hippie para celebrar la llegada de la primavera. Según la confesión de los acólitos, el propósito de la broma no era otro que el de hechizar a los feligreses con la fumarola de la risa, cuando de sobra es sabido que la gente suele acudir a los templos con un ánimo menos festivo que penitencial, y desde luego no entra en las expectativas de nadie el ir a misa para salir de allí no con el espíritu reconfortado, sino con un bolillón como los que pillaba el difunto Bob Marley. 

            Los monaguillos pasaron la noche en el cuartelillo, puesto que la justicia humana suele ser menos benévola que la divina, pregonera del perdón, al menos desde el Antiguo Testamento para acá, una vez descartado el recurso a las plagas de Egipto y a ese tipo de actuaciones efectistas. Por suerte para los detenidos, ya gozan de libertad sin cargos, aunque han sido destituidos como monaguillos catedralicios, lo que no quiere decir que vayan a iniciar una carrera como traficantes de maría en el ámbito eclesiástico, dado lo traumático de su experiencia piloto. Será incierto el futuro de los dos monaguillos santiagueros, y a obispos está claro que ya no llegan, pero cabe suponer que el santo apóstol velará por ellos, al menos mientras le dure el efecto risueño del humo anómalo, que tanto convida a la empatía. 

            Bien, según avisé, todo esto es mentira, pero, forzando un poco los paralelismos, podríamos suponer que España en pleno está bajo los efectos de un botafumeiro narcótico, pues de otro modo no se explica el ambiente de alucinación que se percibe no sólo en las actuaciones del gremio político, sino también en la vida ordinaria de la gente, que tampoco vamos mal en cuanto a colocones ideológicos y morales. Te levantas, pones la radio y la realidad te vuelca en el entendimiento su cornucopia de  irrealidades difíciles de entender, y te dices: “El botafumeiro”. Porque sólo el humo mágico de un botafumeiro profanado puede explicar lo inexplicable, y te preguntas, un poco a la manera de los filósofos presocráticos: “¿Hasta qué punto puede soportar la realidad esta mecánica de irrealidad?”, y te respondes, un poco a la manera de los filósofos racionalistas: “Hasta que deje de balancearse el botafumeiro”.

            Porque la clave está ahí, en el botafumeiro con marihuana que recorre el país de norte a sur y de este a oeste, provocándonos una risa floja, porque vamos puestos hasta las cejas. Como monaguillos traviesos. Como noticias falsas de nosotros mismos.

.

martes, 9 de enero de 2018