martes, 13 de junio de 2017

NUEVO LIBRO

Edición limitada a 175 ejemplares firmados.
Últimos ejemplares disponibles.
Información en http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/

lunes, 29 de mayo de 2017

LA VACA



 (Publicado el sábado en la prensa)


Cuando la realidad decide ponerse estupenda, no se para en barras. De ahí la sospecha de que el surrealismo no es tanto un invento de índole estética como una derivación espontánea de la realidad. En el momento en que escribo estas líneas, más de 170.000 personas han prestado su firma a la petición de indulto de la vaca Margarita, de raza brava, aunque domesticada y amiga por tanto del género humano en general y de algunos vecinos de Tarragona en particular. Vacas se matan cada día a millares, pero la vaca Margarita, a pesar de no disponer de papeles que legalicen y regulen su situación social como vaca, tiene muchas papeletas para librarse de la escabechina que afecta a diario a sus congéneres en los mataderos de todo el país, en los que las vacas entran anónimas y salen despiezadas, rumbo a los mostradores refrigerados. Sin sentimentalismos. De ahí tal vez el hecho de que no conozcamos a nadie que quiera ser vaca. 


            El Departamento de Agricultura de la Generalitat catalana esgrime el argumento de que una vaca sin papeles no tiene hueco en el mundo de los seres vivos, ya que así lo dispone la normativa europea en cuestiones de vacas, aunque estoy convencido de que ningún gerifalte o funcionario de dicho departamento puede ser tildado en rigor de matarife despiadado, sino en cualquier caso de cumplidor celoso de las leyes, que es para lo que a los de ambos gremios se les contrata y retribuye: donde exista una norma, que se quite una vaca. 

                Lo raro del asunto es que a estas alturas no haya saltado a escena un político independentista que proclame con indignación que el asunto de la vaca Margarita no es más que otro palo en la rueda que el gobierno central, en complot con la Unión Europea, le ha puesto a Cataluña, ya que inaugurar la independencia catalana con el sacrificio de la vaca Margarita no puede decirse que sea lo más lucido que se despacha en relatos épicos. Y es que hay que calibrar el riesgo de que los futuros libros de historia empiecen de este modo: “Cataluña se declaró independiente a los pocos días de la muerte de la vaca Margarita”, y a ver cómo se explica de manera convincente a las generaciones que nazcan en la nueva Cataluña libre que se prohibieron las corridas de toros pero que se condenó a muerte a Margarita -aunque siempre cabrá el recurso al argumento de la inevitabilidad de las víctimas colaterales en todo proceso revolucionario, en especial si ese proceso tiene como promotor principal a la derecha catalana tradicionalista.


            Es posible que el drama de esta vaca sea una maniobra más de distracción de las muchas que se operan a diario desde todos los frentes políticos. “¿Distracción de qué?” No tengo ni idea, pero estarán de acuerdo conmigo en que una persona no puede pensar a la vez en una vaca y en la familia Pujol, pongamos por caso, por ser asuntos incompatibles e inconexos. Piensas en una vaca y sólo puedes pensar en una vaca, ya que nuestra mente no da para muchas dispersiones conceptuales. 


No alcanzó a imaginar, en fin, qué se esconde detrás del caso de la vaca Margarita. Pero algo hay. Algo que quisiéramos saber y que a la vez nos da miedo saber. Algo. Eso seguro. 

Para no perder comba, y de paso para contribuir a la potenciación de nuestros misterios intranacionales, ya he firmado.

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viernes, 26 de mayo de 2017

RELATO EN MINIATURA

Hoy, en LOS DIABLOS AZULES, el suplemento literario de INFOLIBRE, adelanto un relato en miniatura que irá en el próximo libro: http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/05/26/mi_identidad_aerea_65565_1821.html















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jueves, 18 de mayo de 2017

En junio.
Edición limitada y firmada de 175 ejemplares.

Información en http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/

lunes, 15 de mayo de 2017

DULCE ESTAFA

(Publicado el sábado en prensa)


Las informaciones que nos ofrecen al respecto son imprecisas, en especial en lo que se refiere a los detalles, en los que suele esconderse la esencia trascendental de los hechos intrascendentes, pero el asunto resulta escalofriante se mire por donde se mire, e incluso si se mira a bulto: en un pueblo de cuyo nombre no voy a acordarme han detenido a una señora por estafa. “¿Y qué tiene eso de especial en un país en que los estafadores son una enseña patriótica?”, se preguntarán ustedes. Pues que la estafa practicada por esa señora no consistía en otra cosa que en ofertar por Internet carritos decorados con kilos y kilos de chuches, con el reclamo tentador de animar a lo grande las celebraciones infantiles, partiendo sin duda de algún estudio de mercado que ratifique la sospecha generalizada de que la agenda social de nuestros pequeños puede equipararse a la de las principales casas reales europeas. 

           “¿Y qué hay de malo en ofertar golosinas a través de la red?” Pues lo cierto es que, dejando al margen el criterio de los odontólogos, nada. El problema venía cuando, previo pago, le contrataban una carretada de glucosa para alegrar un cumpleaños o una primera comunión, pues entonces el asunto, en vez de endulzarse, se amargaba amargamente: las chucherías no llegaban jamás, y cabe suponer que los progenitores estafados tenían que acudir a un kiosco de guardia para surtirse de golosinas, por el riesgo de que los niños, al verse privados de sus sustancias estimulantes, montaran una especie de revolución francesa en el jardín.

            No quisiera invadir el territorio específico de la abogacía, pero creo que esta señora tiene una línea de defensa muy clara: proclamarse una activista anticaries. Transformar lo de la estafa colectiva, en fin, en un acto de concienciación colectiva, con lo que no sólo saldría ganando su reputación como ciudadana, sino que además respetaría al pie de la letra la pauta a la que recurren nuestros políticos cuando los sorprenden con las manos en la masa o con la masa entre las manos, ya que en cuestiones de corrupción el orden de los factores no altera el producto. 

            Por fortuna para la armonía social, muchos de nuestros gobernantes han conseguido acostumbrarnos a que las prácticas corruptas formen parte de nuestra vida cotidiana, y nunca podremos agradecerles lo suficiente el que amanezcamos con la emoción de enterarnos de qué nueva aventura delictiva nos revelará la prensa al poco de haber salido nosotros de la función surrealista de los sueños para incorporarnos al teatro del absurdo de la realidad.

            Tal como están las cosas, la estafa de las chucherías parece un chiste, pero, desde un punto de vista catastrofista, puede interpretarse como un signo apocalíptico: si el crimen se extiende al ámbito de los gusanitos, de las piruletas y de las gominolas, es que a nuestra civilización le quedan tres días. Eso sí: la caries perderá poder entre la población infantil. Algo es algo.

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jueves, 11 de mayo de 2017

Jesús Marchamalo publica este reportaje en el nº de mayo de la revista LEER.

LA BIBLIOTECA DE BENÍTEZ REYES
http://revistaleer.com/2017/05/la-biblioteca-de-benitez-reyes/



domingo, 30 de abril de 2017

POEMA

En Los diablos azules, el suplemento literario de INFOLIBRE, el texto y el audio de un poema del libro que me traigo entre manos:

http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/04/28/la_situacion_felipe_benitez_reyes_64399_1821.html?utm_source=facebook.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias

EL ANTISISTEMA



(Publicado ayer en prensa)

En su novela El hombre que fue Jueves, Chesterton concibió la fantasía de que el cabecilla de los anarquistas londinenses resultase ser el jefe de la policía de Londres. ¿Un ocioso disparate? Bueno, sí y no. Según una fuente que no puedo desvelar, me consta que nuestros políticos son en realidad anarquistas disfrazados de gobernantes, cada cual desempeñando su papel desde una trinchera ficticia. Al parecer, se reúnen mensualmente en una cripta secreta que queda por la parte de Móstoles y allí, con arreglo a decisiones asamblearias, trazan estrategias de actuación y se reparten los papeles. “Camarada, te ha tocado exigir la supresión de las diputaciones”, anuncia el portavoz de la asamblea. “¿Por qué yo, con lo que me gusta una diputación provincial?”, protesta el afectado. “Pues porque esto va así. De sacrificio”. En efecto, de sacrificios va el asunto: “Camarada, tienes que dejarte melena y recogerte el pelo en una cola de caballo”, le indican a uno. “Uf, no sé. Es que yo con melena voy a parecer el Santísimo Cristo de la Expiración”, y el portavoz le replica: “No te quejes. Acuérdate del camarada al que le tocó representar la pantomima de ser nada menos que ministro de Educación y lo obligamos a que se rapase la cabeza, como si fuese un skin head, y ni una queja salió de sus labios”. O bien: “Pseudopresidenta andaluza, tienes que teñirte de rubio y fingir que eres devota de la Esperanza de Triana”. (Etcétera.)

            Según mi informador, nuestros políticos estelares persiguen no sólo el descrédito global del Estado, sino también el descrédito particular de ellos mismos, para así allanar el terreno a la utopía antiestatista. Porque se trata de eso: de dinamitar la cosa desde dentro. Bum. Como Angiolillo. De ahí la proliferación de políticos corruptos, que en realidad no son tales, sino mártires voluntarios que, por el bien de la causa, se someten al oprobio público y a la cárcel ignominiosa, tras simular delitos que escandalizan al populacho, que de ese modo se escora al escepticismo y al cuñadismo, sustrato idóneo para el fermento del credo anarquista, o al menos del mal humor colectivo, que tampoco está mal como punto de partida para cualquier giro revolucionario. 

           Soy consciente de que esta revelación resulta estremecedora, pero tiene la virtud de hacer comprensible el momento político que padecemos, aparte de promover una reanimación de la esperanza común: se acerca el día en que nuestros políticos impostores, cuando consideren que es el momento histórico adecuado, se quitarán la máscara para proclamar la instauración de un Estado anarquista, valga la contradicción en los términos. Y los mártires saldrán de sus prisiones, con la reprobación convertida en vítores. Y disfrutaremos de la armonía social. Y las primeras en caer serán por supuesto las diputaciones.

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domingo, 23 de abril de 2017

miércoles, 12 de abril de 2017

martes, 4 de abril de 2017

(MAÑANA MIÉRCOLES, en ALMERÍA)


JORNADAS DEDICADAS A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO...
HACE 100 AÑOS
CONFERENCIA DE FELIPE BENÍTEZ REYES
 
Centro Cultural Mª Victoria Atencia/ Centro Cultural Generación del 27
C/ Ollerías, 34
MÁLAGA
 
Martes 4 de abril, 19:30 horas
Presenta: José Antonio Mesa Toré

lunes, 3 de abril de 2017

LAS CONFUSIONES

(Publicado el sábado en la prensa)



La simplificación de la realidad suele derivar en un enmarañamiento de la realidad. Por ejemplo: unos ciudadanos deciden sacar a la calle un autobús en el que exhiben esta argumentación: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”. Las dos primeras frases resultan –al menos de entrada- tan obvias como inobjetables; la tercera, en cambio, la imperativa, es la que revela la carga ideológica. La carga ideológica y también una dosis de misterio: ¿a quién van a engañar no ya los niños con pene y las niñas con vulva, sino incluso los niños que quisieran tener vulva y las niñas que quisieran tener pene? La campaña en contra de la transexualidad infantil no sólo parte de la simplificación de un problema complejo y del afán de resolver un conflicto real mediante un ideal imaginario, sino que también implica la aplicación de unos principios morales abstractos a un conflicto biológico concreto, además de propiciar la conversión de un drama personal en una afrenta colectiva. Muy pervertido hay que tener el entendimiento, en fin, para suponer que los niños transexuales son unos pervertidos.

            Pero las simplificaciones de los conflictos no suelen ser unilaterales, de modo que la simpleza consistente en prohibir la circulación de ese autobús discordante ha tenido un efecto adverso: darle una visibilidad que nunca hubiera tenido de haberse permitido su tránsito y convertir además a sus promotores en estrellas mediáticas. Regalar un altavoz, en suma, al antagonista. Golpes de pecho al margen, no nos engañemos: ni la circulación del autobús hubiera incrementado el acoso a los niños transexuales ni la prohibición de que circulara va a disminuir los índices de ese acoso. En un sistema con solidez democrática, las ideologías con afanes impositivos, cuando resultan inoperantes, dejan de ser amenazas para descender al rango de pintoresquismos testimoniales, y nos las podemos permitir.

            Acaban de condenar a prisión a una joven transexual por difundir en Twitter unos chistes bobalicones sobre el asesinato de Carrero Blanco. El asunto resulta extraño se mire por donde se mire: ¿qué motiva a una casi adolescente a hacer bromas retrospectivas sobre ese almirante? Imagino, no sé, que a una persona de su edad Carrero Blanco debe de resultarle una figura histórica tan remota como la del rey godo Chindasvinto, lo que no quita que la ley que le han aplicado sea la de hoy. Una ley que no contempla como atenuante las paverías propias de la edad del pavo.

            ¿Censuramos un autobús por su supuesta incitación al odio y condenamos a una joven patosa por hacer chistes infantiloides sobre un atentado de hace más de cuatro décadas? Algo chirría en ambos casos. Y es que, como no conciliemos las divergencias consustanciales a una sociedad ideológicamente diversificada, me temo que nos vamos a liar.

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domingo, 19 de marzo de 2017

LOS RETRATOS



 (Publicado ayer en prensa)


Hablando en general, y consciente de la injusticia que conlleva esa generalización, nuestros políticos suelen regirse por códigos indescifrables para los integrantes de los demás gremios. Aparte de requerir para su bienestar más asistencia que un tamagotchi (móvil, wifi y tablet gratuitos; chófer, asesores, secretarios y secretarias, bonos de taxi, dietas de manutención, viaje y alojamiento; sillones ergonómicos, despachos con aire acondicionado…), nuestros políticos, al igual que los héroes homéricos, parecen andar más preocupados por su fama póstuma que por su fama en vida, imagino que porque la vida es pasajera y lo póstumo, en cambio, perdurable. 

          Una prueba de esto que digo la tenemos en su afán por ser retratados, sin duda con el afán complementario de que las generaciones futuras no olviden que don Pantaleón de la Sota o don Pantuflo del Soto fueron ministros, secretarios generales o alcaldes de su pueblo, ya que incluso a la política municipal se extiende el ansia de inmortalidad imperecedera -valga el pleonasmo-, cabe suponer que por el mismo efecto mimético y un tanto paródico por el que un sargento, cuando se pone cada mañana el uniforme, se siente tan militar como Napoleón. 


            Podría pensarse que una institución sin retratos de próceres es como el salón de una casa sin fotos de la boda de sus ocupantes, pero también cabe la posibilidad aterradora de que una institución con retratos de eminencias acabe siendo una galería de fantasmas anónimos, por esa afición que tiene la memoria colectiva a olvidarse colectivamente de sus más excelsos regidores. 

           Pero no seamos pesimistas: cuando dentro de un par de siglos nuestros descendientes admiren por ejemplo el retrato de don Arsenio Fernández de Mesa, director que fue de la Guardia Civil, con su pose mixta de torero y de emperador, dirán: “Oh, fíjate, ese era nada menos que don Arsenio, quien, tras su gestión heroica al frente de la Benemérita, fue fichado por una compañía eléctrica para poder seguir arrojando luz sobre los españoles”.
Y algo parecido podrán decir del exministro Wert, cuyo retrato institucional aún tiene la pintura fresca: “Ahí, desde el túnel de los siglos pretéritos, nos observa, en actitud relajada, pero alerta, presto al servicio público, el inolvidable Wert, en un gallardo retrato cuyos 20.000 euros de coste sufragaron a escote y con frenesí patriótico nuestros antepasados, agradecidos por su firme salvaguarda de la educación, de la cultura y del deporte”. 


            Todo esto de los retratos reporta grandes beneficios históricos, qué duda cabe, a nuestra sociedad, pero me permito una sugerencia: nos saldrían más baratas unas estatuas y hacer con ellas lo que los antiguos romanos: decapitar la del prohombre saliente y ajustarle la cabeza del entrante, con lo cual se aprovecha el resto del cuerpo. Porque siempre se corre el riesgo de que, dentro de 100 años, todos estemos no sólo calvos, sino que descendamos también –quién sabe- a mindundis.

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lunes, 6 de marzo de 2017

HEROÍSMO DE SALÓN

(Publicado el sábado en prensa)



Antes, si aspirabas a independizar tu territorio o a anexionarte un territorio ajeno, el asunto dependía de tu potencial bélico y de tu habilidad estratégica para gestionarlo, y mejor si te llamabas Cayo Julio César que si te limitabas a ser el sargento Perico. En nuestros días, las cosas han cambiado por fortuna bastante, al menos en algunas zonas del planeta, incluida por supuesto Cataluña, donde la derecha independentista, en vez de arrugarse el traje a medida con una canana, ha optado por la sabiduría cívica de exorcizar cualquier posibilidad de confrontación cruenta gracias a un discurso fraternal: “El infierno son los otros”. Y es que los alardes de heroísmo retórico resultan muy confortables, y no digamos si la retórica se complementa con la escenografía, ya sea desfilando hacia un juzgado con expresión de mártir feliz, un poco a lo Juana de Arco, arropado por una multitud compungida, según hemos tenido la suerte de ver al señor Mas; ya sea chuleando a un tribunal con modales de antisistema de guante blanco, según hemos visto al señor Homs. Es una de las ventajas que ofrece un Estado de Derecho: la opción de saltarte a la garrocha tanto el concepto de “estado” como el concepto de “derecho”, con la garantía jurídica de que no va a pasarte gran cosa. 

            Según un dicho norteamericano, basta con izar una bandera para que al momento haya gente dispuesta a saludarla con ese fervor peculiar que promueven las banderas, al ser símbolos que tienden a sustentarse en unas efusiones irracionales y primarias. Hay banderas, en suma, no sólo para todos los gustos, sino también para todos los sinsentidos, con el problema añadido de que las banderas, al igual que los infortunios, nunca vienen solas. Banderas aparte, la realidad, al ser poliédrica, admite de buen grado el hecho de que se convoque en una plaza pública a 3.448 personas en contra del sacrificio de los pollos y que una hora más tarde se convoque en el mismo sitio a otras 3.448 personas a favor del pollo en pepitoria, de lo cual cabría deducir que cualquier contrato social exige la armonización de intereses contrarios antes que la imposición de intereses parciales. Barajar, en suma, opciones diversificadas de realidad.

Los avances en las investigaciones neurológicas nos indican algo que los políticos parecen saber desde hace siglos: que nuestra percepción de los fenómenos del mundo, incluso los tenidos por más evidentes, no es ni mucho menos unánime y que, por tanto, apenas hay posibilidad de convencer a alguien de que no ve lo que cree ver ni de que dude de lo que cree creer, puesto que nuestros mecanismos mentales tienden a la obcecación, al dogma y al fanatismo. Y eso sirve tanto para una convicción religiosa como para una sugestión patriótica, al sustentarse ambas en el territorio de lo sagrado; es decir, en un ámbito de pensamiento en que la razón está supeditada al hechizo.

            La convocatoria de un referéndum independentista en Cataluña no tiene nada de alarmante, a pesar de que sus promotores lo ganarán aunque lo pierdan, puesto que su lógica se fundamenta menos en el presente que en el futuro. (“Esto es sólo un primer paso”.) Lo alarmante es tal vez la propaganda con que se oferta: esa futura Cataluña que sería “una Dinamarca mediterránea, con buenos trabajos, salarios justos, desempleo bajo, una economía abierta y un Estado de bienestar fuerte”, según la profecía de teletubbie que ha ofrecido Artur Mas, pasando por alto el hecho de que siempre hay algo –como poco un 3%- que huele a podrido en Dinamarca.